Petro propuso constituyente en su campaña presidencial del 2018.

Uribe propone constituyente en la actualidad.

Márquez termina su proclama proponiendo una constituyente.

¿Dónde está el desacuerdo para que sigamos en guerra?

Un editor cualquier pudiera entresacar parecidos casi textuales de los discursos de Petro – Uribe – Márquez, cabezas visibles de la polarización política en Colombia y, por supuesto, de los discursos de Duque y todos los candidatos que ahora aspiran a la renovación de alcaldías y departamentos; asambleas, concejos y juntas administradoras.

Todos coinciden en que hay que combatir la corrupción; todos, que Colombia es un país muy desigual, todos proclaman el “preciado bien de la libertad y la paz”; coinciden también en las distintas clases de injusticia: distributiva, retributiva, restaurativa y procesal; en fin: hay que escucharlos con la debida atención, y comparar cuál es la diferencia.

Si Márquez no estuviera armado, y rodeado de hombres en armas, de su discurso no se podría colegir una rebelión, sino una concordancia con todos los políticos que, sobre todo en época electoral, prometen liberarnos de todo mal y peligro.

La vía de las armas o la vía electoral, es la gran diferencia que subrayan los así mismos llamados “demócratas” que, sin más armas que la corrupción, se roban las elecciones; un delito que no solo denuncia Márquez sino la Fiscalía General al decir en su página internet: “La compra de votos es el delito más frecuente en elecciones – no permita que otros elijan por usted”.

Si uno retrotrae la estrategia discursiva de unos y otros, encontrará las mismas coincidencias reivindicativas, no obstante, nos seguimos matando entre colombianos, antes, liberales y conservadores; y, ahora, encasillados en movimientos de centros y polos democráticos sin democracia; de verdes sin conciencia ambiental; de cambio radical en las mismas; de decentes indecentes; humanos sin humanidad… y tantas y tantas otras dulzuras auditivas.

El discurso de Márquez lo puede suscribir cualquier político colombiano en trance de elecciones o de popularidad, como el presidente Duque, otra novedad actual que se da “vitrina” alzando la voz contra “esos terroristas y narcotraficantes a los que no les tiene miedo”; claro: ni él ni nadie cercano o familiar irá al monte a enfrentarlos, así esté ofreciendo 3.000 millones de pesos por la cabeza de cualquiera de la foto.

¿Cuánto suman “los mismos con las mismas”, una arenga política de combate en la actualidad? Fácil: si en estas próximas elecciones regionales vamos a elegir 32 gobernadores, 1.101 alcaldes, 418 diputados, 12.065 concejales y 6.700 ediles, total, 20.316, esos son los mismos con las mismas, sumándoles 282 más, que vienen a ser el Presidente, Vicepresidente y congresistas. Total: 20.598.

Esos ‘ilustres’ mandatarios y cuerpos colegiados de elección popular, vienen a ser (¡atérrense!) el 0,05% del potencial electoral del país, estimado hoy en 37’136.581. Es decir, esa ínfima cantidad de “los mismos con las mismas” decide en sus despachos y curules la suerte de 50 millones de colombianos, tomando la población total. Súmenle más, lleguemos al 1% que es la referencia mágica que ahora utilizamos para establecer la desproporcionalidad entre los que lo tienen todo y los que no tienen nada, o muy poco.

Resulta incomprensible que tan pocos puedan contra tantos.

Llama la atención el introito de Márquez en su proclama: “… Ha comenzado la Segunda Marquetalia, bajo el amparo del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión”.

¿De qué hablaba Márquez? Del artículo 35 (vigente) de los Derechos del Hombre y del ciudadano:

“Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”.

Bueno, eso dicen: póngase a pensar.

Editorial REDGES

Octavio Quintero

Director: El Satélite

Por pithecus

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